Llanura de tierra roja, próxima al
barro si existiese una gota de agua. Su planicie pudiera ser de castillos
deshechos, castillos derrumbados, como las ideas, como los sueños, como el ser
humano ausente.Aun me llega la música de alguna nota tocando al silencio. El
sonido de la azada o de una palilla plantando una semilla o una planta, o el
sonido de una voz, todo lo demás en silencio. No me llega, o no recuerdo, o bien
desapareció el esfuerzo, el cansancio, la fatiga, las penurias del corazón
latiendo mis brazos, mi espalda en
silencio amasando una tierra en busca de su fruto, de un pan suficiente para
cubrir la mesa, para cubrir todos los platos con una porción digna. Se me
olvida ese latido humano de la historia de esta tierra, solo me llegan los
sonidos del trabajo, melodía que una y otra vez necesito, indago y busco
para obtener paz en mi mente: música que en mis oídos permitía el movimiento de
mis brazos, de mis piernas, de mi espalda cargando esta tierra.Melodía aparentemente inexistente, pero que sostenía todo lo demás.
BENITA LÓPEZ PEÑATE
No quiero ser mujer en queja pero mientras limpio la casa pienso que podría estar en otro lugar, son extraordinarias las horas de los días libres, horas de mente vigorosa de amanecer el día sin obligación de entrar en el camino del salario, horas que siento perder en estas tareas, horas distintas a las horas de lunes a viernes, días estos de horas polvorientas que se arrastran por la tarde con el peso de la mañana, horas que no me desccubren alegría en las cosas. Si viviera en otro sitio, quizás no fuera así, un lugar más verde, más húmedo, no tan seco. Pero todos los lugares tienen sus miserias. Los sentimientos que ahora me golpean se deben a un mal uso de las horas, es una pena tan grande destinarlas a tareas que podría realizar con mis otras horas, con las horas sucias, las horas cansadas, aunque no las termine y las deje para el día siguiente o para el otro, o para cuando pueda, no pasar...

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