Ir al contenido principal

En la mar de calles



Una mujer va a la mar del mundo y vuelve con su red llena  peces. Y es feliz esta mujer de la mar, de la mar de sus calles colmadas de peces de colores.

Afuera los últimos ruidos de la noche, adentro las últimas luces: lámparas que alumbran un pan sobre la mesa y una libreta donde el día escribe sus notas de horas caminantes.

Una mujer solitaria conversa por los caminos. Le hablan las piedras: la tierra perdió los surcos. Yunta de arado son sus pies abriendo paso. Asoma el agua a sus ojos. Barco a la vista limpia los naufragios.Nacimiento de un ser humano nuevo. 

En la calle pobre y hambrienta, llueve pan.  El cielo se detuvo en los campos de trigo: abre el viento las vainas y rompe las cercas. Luna de cosecha alumbra los senderos.
Benita López Peñate

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuaderno para Jana

1 Vida en mis brazos. Después de dos muertes importantes, nace mi nieta. 2 Cuando te fuiste,             cuando te estabas yendo, te acompañé de margaritas;   y hoy, nace tu nieta y en el jardín también hay margaritas, y vuela una mariposa, se acerca, revolotea y viene otra y la acompaña. Vuelan juntas y se van por caminos diferentes. 3 La luz, Jana, la luz trenzada, siempre búscala, detente en las líneas, verás como tus ojos se abren en luces pequeñitas. Te vendrán luces grandes, luces grandes del sol, pero nunca desaproveches una luz pequeña; por mucho que te digan que vayas a lo grande, no hagas caso, te pueden confundir, ¿lo grande, Jana, ¿qué es?             4 ¿Ves esta tunera? Si la observas despacito verás que también es belleza las pequeñitas cañas   de espinas. A...

Amaneciendo

Salgo de una negrura y entro en otra de igual silencio, un gato negro de ojos verdes me mira aclarando el día.  Noche de lunas verdes.    Benita López Peñate 

Siembro en el corazón

Necesito  sembrar en el camino. La tierra más próxima a mí, está en el pecho, puñado de tierra sin distancia entre la semilla y el fruto: siembro hortalizas y ya me enraman las verduras, siembro árboles y ya colman mis labios la fruta. En el corazón el tiempo de siempre no existe. Son otras las horas. Benita López Peñate