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LUZ DE ATARDECER

Luz de atardecer en la ciudad tan parecida a la luz del campo a esta hora, e l aire tiene barquitos de almendro. Alguien viene a lo lejos. El regreso tiene en mí sabor a huerta, luz que bañó mi infancia de la tierra a mi casa. Gotitas de música mis dedos rozando el aire. Es tan cálida, tan tierna la luz de esta hora, mi cestita de música, mi cestita de almendras. Fotografía: Elena Arqued Jane Texto: Benita López Peñate  

Corazón eterno

  Corazón efímero llevo en el pecho. Corazón que dará algún día, en alguna hora el último  saludo, quedando aquí el otro corazón, el corazón eterno que lleva dentro. Tiembla de dolor. Lo traigo a mi pecho. H orado una cueva y lo arropo. Es el corazón eterno de mi padre.  Fotografía: Airam Hernández López Texto: Benita López Peñate  

Cada agua tiene su huerta

Por muchas artes que nos habiten de antes y después del gran río, a la agricultura no dejarla atrás, es la única que nos proporciona alimento en la mesa en que se come y en la mesa en que se escribe. Cada agua tiene su huerta, espesos muros la aíslan, corazón de día en la calle y de noche a resguardo. El agua ajena no sacia el fruto , las flores se desgajan del verde y nombran a su tierra si el agua no pertenece a la tierra que lo declama. En el agua propia la savia fluye por caminos innatos. Los poemas no hacen ruido. Fotografía: Airam Hernández López Texto: Benita López Peñate  

Cuando ya no esperas, es el camino.

Roque Aguayro                                                                                                  A los poetas Reyna Esperanza y Roberto Manzano Cuando ya no esperas nada y te retiras, y sigues sin esperar nada y te retiras un poco más, a tu casa pequeña porque ya no esperas nada, no esperas que te nombren, no esperas que cuenten contigo, que te mencionen en antologías, que te inviten a mesas brillantes, entonces los ruidos desaparecen y tu casa pequeña se convierte en espacio sagrado. Tocas al silencio y el silencio te responde; tocas las paredes, y tus dedos se llenan de poemas: del techo cuelgan verso s, de la cama recibes poemas, de los muebles, de la ...

La casa de mi madre

  L a casa de mi madre. La misma mesa, la misma silla. La casa de los primeros poemas, los poemas adolescentes rozando la juventud, los primeros comentarios de textos, las primeras lecturas del poeta que dejó en mi mano un candil de poesía encendida, el poeta Miguel Hernández. La casa de mi madre, la casa que aun conserva el aroma de los pasos infantiles en la montaña. Poema de Benita López Peñate, del libro  Vecindario (libro aun inédito)

Hilos que se encuentran

                                                               1     En la deriva del agua mis ojos son anclas de mi barca. U n mundo sólido me rodea, no tengo roturas,  l a poesía teje hilos, hilos que se encuentran.                     2         Los remos quedan a un lado,         no los traigo conmigo a la cama,     descargarían sobre mí todo el cansancio.  La barca sí se viene conmigo,  a fin de cuentas la barca soy yo, en la alta mar del sueño              no necesitan remos mis brazos.                     BENITA LÓPEZ  

Almendro

                                 Que salga afuera el carbón de aquí dentro. No sé de qué tallos, de qué limpieza de bosque viene. Que salga y se prenda a la luz para leer su pasado de hojas verdes en la tierra de mi pecho. Fotografía: Airam Hernández López Texto: Benita López Peñate