Ahí está el sol empezando a caminar
y aquí estoy yo dispuesta a vivir
el día como lo hace él:
con las mismas horas cálidas,
las mismas horas de fulgor
y las mismas horas frescas
al llegar la tarde.
Salir a la calle temprano acompaña.
Notas musicales en mis oídos
escuchar los buenos días
de los demás y los míos propios.
Detrás de las palabras están las personas.
Benita López Peñate
No quiero ser mujer en queja pero mientras limpio la casa pienso que podría estar en otro lugar, son extraordinarias las horas de los días libres, horas de mente vigorosa de amanecer el día sin obligación de entrar en el camino del salario, horas que siento perder en estas tareas, horas distintas a las horas de lunes a viernes, días estos de horas polvorientas que se arrastran por la tarde con el peso de la mañana, horas que no me desccubren alegría en las cosas. Si viviera en otro sitio, quizás no fuera así, un lugar más verde, más húmedo, no tan seco. Pero todos los lugares tienen sus miserias. Los sentimientos que ahora me golpean se deben a un mal uso de las horas, es una pena tan grande destinarlas a tareas que podría realizar con mis otras horas, con las horas sucias, las horas cansadas, aunque no las termine y las deje para el día siguiente o para el otro, o para cuando pueda, no pasar...

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