Galileo
afirma que la naturaleza es el gran libro. Que lo tenemos ahí, abierto ante
nosotros para la lectura Y que no es perfecta, que tiene sus irregularidades,
pero estas no la minoran en absoluto. Galileo también nos habla de la importancia del alfabeto, que con solo veinte
caracteres podemos hablar con personas que ya han fallecido o que aún no han
nacido o con personas que viven separadas por grandes distancias. Y Galileo
también afirma que el pintor cuando pinta un pájaro, usa distintas tonalidades
de colores, sin añadir una pluma porque entonces sería un pájaro y no su pintura, y que cuando pinta a un árbol tampoco pone una hoja porque entonces
sucedería lo mismo. Todas estas cosas nos decía Galileo, ¿podría afirmarse también de un poema?
Benita López Peñate
No quiero ser mujer en queja pero mientras limpio la casa pienso que podría estar en otro lugar, son extraordinarias las horas de los días libres, horas de mente vigorosa de amanecer el día sin obligación de entrar en el camino del salario, horas que siento perder en estas tareas, horas distintas a las horas de lunes a viernes, días estos de horas polvorientas que se arrastran por la tarde con el peso de la mañana, horas que no me desccubren alegría en las cosas. Si viviera en otro sitio, quizás no fuera así, un lugar más verde, más húmedo, no tan seco. Pero todos los lugares tienen sus miserias. Los sentimientos que ahora me golpean se deben a un mal uso de las horas, es una pena tan grande destinarlas a tareas que podría realizar con mis otras horas, con las horas sucias, las horas cansadas, aunque no las termine y las deje para el día siguiente o para el otro, o para cuando pueda, no pasar...
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